Quizás usted se sienta un poco como yo. Acabamos de soportar todos esos anuncios de compromisos y casamientos durante Navidad y Año Nuevo. Ahora ya pronto se acerca San Valentín, y parece que por doquier hay alguien contrayendo matrimonio o iniciando una relación... todos excepto usted.
No es que no les desea el bien a ellos. En realidad está feliz por sus amistades, comprará esos regalos de boda y asistirá a todas las reuniones con ellos si puede. Lo que pasa es que esto no le ha sucedido.
Hasta el momento, ha sido un camino doloroso en cuanto a las relaciones. No fueron lo que se buscaba (para uno o ambos), el tiempo era incorrecto o había una falta de compromiso por alguno de los dos.
Sin importar lo que sucedió, estamos comenzando un nuevo año donde usted cree que será más de lo mismo.
Son esos pensamientos que circulan en su mente que le evita ver un panorama mayor acerca de las sorpresas que Dios puede tener a la vuelta de la esquina.
Voy a resaltar dos de esas desmotivaciones que quizás se diga a sí mismo, que he tomado de mis propias experiencias, para que usted pueda acabarlas y empezar a creer la verdad.
Soy un fracaso en las relaciones, nunca me voy a casar.
La primera respuesta lógica a esta declaración es: ¿cómo lo sabe? ¿Realmente puede decir eso sin titubear?









"Si Dios está de nuestra parte, ¿quién puede estar en contra nuestra?" (Romanos 8:31)




