Decidí que esta vez iba a limpiar la basura de mi mente primero. Hace unos meses empezamos el nuevo año, y ya tenía muchas cosas en qué pensar.
Tenía preguntas acumuladas del año pasado. Dios, ¿por qué sucedió esto? ¿Por qué se arruinó a pesar de que oré por ello?
Yo puedo tomar un sólo problema y meditar en ello todo el día. Fue hasta que una mañana me di cuenta de lo que hacía, y decidí seguir adelante. Afortunadamente, Dios me dio un gentil recordatorio que Él estaba más que dispuesto a ayudarme.
Ese mismo día subí el ascensor con una mujer que andaba una bota médica en su pie. Me imaginé que ya muchas personas le habían preguntando qué le había pasado, así que dije: "¿Es fácil caminar con eso?".
Esperaba que ella empezara a quejarse de lo doloroso y difícil que era tener eso amarrado a su pierna. Sin embargo, me dijo simplemente: "No, es fácil. Ya lo he usado por más de un año". Luego me explicó que había tenido una cirugía y que la bota no le molestaba.
Sé que parecerá superficial, pero lo que pensaba era: "Un año entero sin poder caminar bien, sin usar calzado divertido, estar inestable todo el tiempo...". Realmente me sentí mal por ella, pero ella parecía estar perfectamente bien.
Al caminar hacia mi oficina, por el largo pasillo, me vi con el mundo imaginario sobre mis hombros pero caminando con ambos pies, con aire en mis pulmones, hacia un trabajo que disfruto.
Empecé a orar: "Dios, necesito deshacerme de este mal hábito de la conmiseración sobre cada aspecto minúsculo de mi vida. Tengo tanto por qué agradecerte. ¿Pero cómo lo hago? ¿Dónde empiezo?".
Limpiar esos sentimientos de celos, ingratitud y pesimismo no sería sencillo. Me preguntaba cómo podía empezar a apreciar mi vida. En ese momento escuché como una voz decir: "Puedes empezar con cada momento". ¡Claro! Cualquier caminata empieza con un paso, igual el trabajo de la limpieza. Si pudiera tomar cada momento y disfrutarlo al máximo, dejando que el día de mañana se encargue de sí mismo, podré en un futuro mirar atrás a una vida de risa y amor.
Entonces, me senté en mi escritorio, puse un poco de música y dejé que se pusiera una sonrisa sobre mi rostro, mientras empecé el trabajo que tanto disfruto. El día ya se estaba viendo mejor.
No sé cómo fue que mi vida se llenó de tantas cosas, pero al menos sé cómo limpiarla. Quizás nunca termine, pero conforme Dios siga perfeccionando el trabajo que Él inició en mí, yo puedo disfrutar del proceso.









Hay una época del año donde tomamos varias bolsas de basura, investigamos cada armario y botamos o regalamos cosas que han empezado a desordenar la casa.





