“¿Qué estás diciendo? ¿Por qué te quieres ir?†le pregunté.
“Estoy infeliz… solitaria… miserable realmente. Listo, lo dije. Me haces miserable. Tal vez algo de espacio entre nosotros, nos unirá.â€
Toqué su brazo, pero ella se alejó y yo dije: “Esto no tiene sentido. ¿Cómo puede la distancia unirnos más?â€
“No lo sé, pero sà sé que no puedo estar más aquÃ. Necesito tiempo para arreglar las cosas, algo de espacio. Ni siquiera estoy segura de amarte… incluso de haberte amado alguna vez.â€
Me paralicé pero pude suplicar: “Por favor no te marches. ¿No puedes esperar a mañana?â€
Ella levantó su maleta, se puso la cartera al hombro y con un gesto dramático sacudió movió la cabellera y salió por la puerta principal.
Una aventura amorosa escondida
SabÃa que no habÃa sido el mejor marido, que me enojaba mucho con ella, y que mi necesidad de “estar en lo cierto†muchas veces significaba que ella estaba incorrecta.
SabÃa que últimamente ella habÃa estado distanciada. Pero no conocÃa que ella tenÃa una aventura amorosa.
Durante ese mes que Nancy no estuvo, yo era un desastre. Cada vez que la llamaba, lloraba y le preguntaba cómo podÃa hacer que volviera a casa, pero ella casi no decÃa nada. Luego abruptamente indicaba que debÃa irse y colgaba.
Le pedà a amigos “espiarla†y ellos indicaron que ella parecÃa estar bien…feliz. Me dijeron que enfrentara la situación y siguiera con mi vida.
Cuando Nancy me dijo que estaba haciendo el trámite del divorcio, pensé que nuestro matrimonio habÃa terminado.
Entonces una noche, luego de un milagroso cambio en su corazón, Nancy regresó a casa y dijo: “Te he estado mintiendo durante meses, pero te voy a contar la verdad ahora. Pregúntame lo que quieras.â€
“¿Hay alguien más? ¿Estás teniendo una aventura?â€
Ella me quitó su mirada y susurró: “SÃ, con un hombre del trabajo. Pero eso termina hoy. Voy a renunciar a mi empleo y no lo volveré a ver. Espero que puedas aceptarme de vuelta y podamos seguir casados.â€
Reconstruyendo la relación
La decisión de perdonarla vino fácilmente, pero restablecer el matrimonio tomó mucho tiempo. Un dÃa estarÃa bien y otro perderÃa toda la esperanza. Luego ella se frustrarÃa y se confundÃa. PodÃa pasar una semana de cariño y amor y nuevamente caerÃamos en nuestros viejos patrones, y debÃamos recordar la meta.
Cuando volvimos a estar juntos, era un buen dÃa si lográbamos comportarnos. Si recordábamos decir “por favor†y “graciasâ€, sin pelear o gritar.
Lo primero fue buscar consejo de una sabia pareja cristiana. Pasamos varios meses con un consejero matrimonial cristiano. Nos involucramos en el grupo de parejas de la iglesia y leÃamos material de ayuda. DebÃa averiguar: Qué hace un esposo, cuál es su rol y cómo se ve; y ella encontrar qué era el deber de una esposa. Aprendimos principios bÃblicos y encontramos formas prácticas de aplicarlos.
Otro ingrediente importante para nuestra sanidad fue ofrecer misericordia en nuestro proceso de cambio.
Cuando nos equivocábamos, tratábamos de no molestarnos mucho porque ambos sabÃamos que estábamos intentándolo. Pero por medio del auto-control y estudiando la Palabra de Dios, y aplicando las enseñanzas a la vida, empezamos a cambiar y actuar como uno solo. Pero tomó su tiempo y compromiso.
Muchos de los hábitos que establecimos fueron difÃciles de romper. Antes esperábamos que la otra persona cometiera un error, para señalarlo. Entonces al empezar este nuevo ciclo, yo trataba de complacerla y ella a mÃ.
Una misión personal
Probablemente una cosa que me ayudó más fue el versÃculo de 1° Pedro 3:7 donde me instruye a vivir con mi esposa sabiamente. Durante años cada comediante en televisión decÃa: “Yo no entiendo a mi mujerâ€. Quizás es un chiste, pero si la Biblia nos dice que vivamos sabiamente, debe ser posible.
No le pedà detalles a Nancy de su aventura amorosa. No querÃa obsesionarme con lo que hizo y dónde. Cuando los pensamientos de ella con él me cruzaban la mente, no permitÃa que se quedaran. En su lugar, decidà pensar en el futuro que estábamos construyendo. Leà Filipenses 4:8 que me ayudó a pensar en cosas puras, admirables y de buen nombre.
Pero fue mi misión personal entender a mi esposa.
Aprendà que mi esposa es más sensible que mi compañero. Puedo burlarme de él y me responderá con un insulto divertido. Pero cuando lo hago con mi mujer, eso la quebranta emocional y espiritualmente. Le duele y la aleja de mÃ.
Aprendà que si ella me dice: “Estás manejando muy rápido y me asustaâ€, debo dejar de hacerlo. Si la amo, ¿por qué la quiero asustar?
Entre más entiendo a mi esposa y respeto las diferencias que Dios nos dio, discutimos menos. Conforme extinguÃamos esas batallas, creció la intimidad y nuestro amor.
Pronto, Nancy entendió cuánto significó mi perdón y me agradeció muchas veces por aceptarla. Ella me trató con un respeto renovado y la empecé a apreciar.
25 años después
Nunca me he arrepentido de perdonar a Nancy. Han sido más de 25 años desde aquel suceso, y nunca hemos dejado de aprender de ello.
Su engaño fue un sÃntoma de un matrimonio enfermo. No digo que su comportamiento es una excusa, pero tampoco fui un esposo atento, amoroso ni motivador. Ella me decÃa repetidamente que estaba triste, sola y desanimada, y egoÃstamente traté de hacerle pensar que eso no importaba. No le daba suficientes elogios, y no fui el lÃder espiritual en casa. Nuestra relación era un desorden y mucho fue culpa mÃa.
Tuvimos que aprender que la Palabra de Dios es nuestro sistema de valores, aunque cambien las emociones, la Biblia no cambia. La verdad permanece.
Nuestra teorÃa es: siempre revisar la relación. No hay que dejar caer la guardia, ni tomar al otro a la ligera. Cuidado de no enredarse en las emociones porque estas pueden engañarnos.
Nos sorprende lo lejos que hemos llegado, ahora nos reÃmos mucho y disfrutamos estar juntos. Nuestro hijo de 22 años nos ve agarrados de las manos y ve que somos ejemplos vivientes de la misericordia y la restauración.
TenÃamos un hogar destrozado, pero con la ayuda de Dios y mucho esfuerzo, ya está completamente renovado y más fuerte que nunca. El engaño de mi esposa quebrantó nuestro matrimonio… pero también lo salvó.









Mi esposa repitió la frase que no podÃa entender: “Me voy de la casaâ€.





