Él contestó: "No puedo hacer nada bien; cuando la escucho decir cosas así, sólo quiero darme por vencido".
Ella se limpió las lágrimas, mientras Juan me dio una mirada disgustada. Su forma de relacionarse no estaba funcionando. Cada uno se sentía herido por el otro, y entre más compartían su descontento, más se alejaba su pareja. La distancia entre ellos era tan drástica que habían considerado separarse.
"¡No puedo estar haciendo todo mal!", exclamó Juan. "Por favor, he trabajo duro para proveer para mi familia. Voy a la iglesia con ella, gano buen dinero. No lo entiendo."
Aunque todo eso era verdad, no creo que Juan entendía el poder y el impacto de sus palabras. A pesar de hacer eso bien, Yanina aún pensaba que él fallaba en unas áreas críticas.
En una cita individual, ella compartió que ella sí amaba a Juan y sabía que él estaba esforzándose. "Pero quiero que yo le importe más, que me preste cuidado, que me pregunte cómo estuvo mi día. Él no hace eso, a menos claro de que quiera algo a cambio. Ahí sí veo un lado más tierno. Es muy frustrante."
La historia de Yanina es una muy común. Mientras algunas de sus preocupaciones pueden ser atribuidas al género (como que las mujeres necesitan más una conexión emocional), muchas como ella están desesperadas que sus parejas las comprendan.
Los retos de los hombres son:
- Prestar atención a los temas emocionales, en lugar de alejarse porque no quiere sentirse abrumados.
- Querer suficiente a nuestra pareja para hacerle preguntas gentilmente, y aceptar la retroalimentación que quisiéramos ignorar.
- No agregar enojo.
- Ayudar a nuestra pareja a decir sus preocupaciones, parafraseando lo que nos dicen.
- Ser empáticos con sus sentimientos y validar sus preocupaciones.
- Reconocer las formas en que complicamos el proceso de la comunicación.
- Usar la retroalimentación recibida para ser mejores hombres y esposos.
Muchos varones que leen esto seguramente se pondrán a la defensiva. "No es culpa nuestra", dirán quizás. Sí, pero algo de eso aun cae sobre nuestros hombros. Debemos escuchar para ver si hay verdad en ello.
Algunos dicen: "¡Ellas exageran los problemas!". Si, a veces lo hacen. Pero aun debemos oírlas y validar lo que sí es verdad.
Si me preguntan: "¿Qué hay de ellas?", no crean que las mujeres no tienen que cambiar. Ellas deben hacerse unas preguntas difíciles también, como:
- ¿Están respetando a los maridos en cómo se acercan a hablarles?
- ¿Manejan sus emociones, y comunican sus preocupaciones de forma respetuosa y asertiva?
- ¿Crean un lugar seguro para compartir sus sentimientos con sus esposos?
Como he compartido en otros artículos, ambos deben trabajar en la relación.
Habiendo dicho esto, ¡hombres, tomen la iniciativa! Escuchen atentamente, y usen eso para ser más accesibles para su pareja. Que ella sepa cuán importante es lo que ella quiere compartirle.









"Estoy tan desalentada", dijo Yanina durante una reciente consejería. "Mírelo, ni siquiera me ve cuando hablo", indicó señalando a su esposo, sumado ya 20 años de matrimonio, Juan.





