Eso me recuerda a la vida. Sentimos dolor e intentamos tomar medicinas fuertes en lugar de recibir el tratamiento adecuado para mejorar completamente. Intentamos cosas distintas, como deportes, socializar, ir de compras, etc. Pero aun quedamos lastimados y nos preguntamos porqué.
La respuesta a nuestro dolor está en conocer al Dr. Jesús. Él nos ofrece una respuesta, nos promete que hará que las cosas ayuden para bien y se mantiene a nuestro lado durante el proceso.
¿Se siente su alma abrumada por la angustia? Dios le ama y quiere reconfortarle. ¿Sabía que su amor nunca desvanece? Jesús vino a cargar con nuestros pecados y Él murió para darnos esperanza y una forma directa para conectarnos con el Padre.
Jesús nos da verdadero amor y vida; esto no lo encontraremos en el alcohol, la comida, etc. Permita que Jesús llene su alma con su amor. “—Yo soy el pan de vida —declaró Jesús—. El que a mí viene nunca pasará hambre, y el que en mí cree nunca más volverá a tener sed” (Juan 6:35).
Buenas noticias: ¡Jesús siempre cumple su palabra! Él no olvida lo que ha prometido. Sabe lo que necesitamos y está oyendo las oraciones.
“Pero Dios, que es rico en misericordia, por su gran amor por nosotros, nos dio vida con Cristo, aun cuando estábamos muertos en pecados. ¡Por gracia ustedes han sido salvados! Y en unión con Cristo Jesús, Dios nos resucitó y nos hizo sentar con él en las regiones celestiales, para mostrar en los tiempos venideros la incomparable riqueza de su gracia, que por su bondad derramó sobre nosotros en Cristo Jesús” (Efesios 2:4-7).
¿Ha pensado en aplicar la Biblia al mundo en lugar del mundo a la Palabra de Dios? En lugar de los golpes, rasguños y tanta escalada, doblemos nuestras rodillas. Oremos y escuchemos durante los ratos de oración.
Si no escalamos las montañas de la vida con Jesús, perderíamos la perspectiva celestial de la vida. Los problemas nos señalan a quien lo puede resolver, y la escalada nos hace valorar al que mueve montañas. Así que hoy, vamos a escalar montes de fe con Jesús. Con Él no caerá y la única forma de llegar es permitir que Jesús nos cargue. ¡Vaya, la vista de la cima vale la pena!









Recientemente me lastimé la espalda al escalar una montaña. Mi euforia opacó mi sentido común: traté fuertemente de escalar con mis propias fuerzas (y sólo logré llegar hasta la mitad del camino). Esto me enseñó que con mi propia fuerza fracaso y me lastimo. Puedo tomar un medicamento potente, pero sólo el descanso y tratamiento ofrecen una respuesta a mi dolor.



