Un día, Lois asistió a un culto especial, dirigido por un evangelista. Él le dijo que Jesús les ofrece perdón y vida eterna a los que se comprometen a Él. Lois pensó: “Eso debe ser lo que pasó con los Schaefers.” Ella quería ver en su propia vida lo que había visto en ellos. Entonces, cuando el evangelista invitó a la gente a hacer una decisión para Cristo, ella aceptó esa invitación.
Al día siguiente en el trabajo, ella le contó a Papá sobre la decisión que tomó y cómo él había influenciado su decisión. Conforme pasaban las semanas, fue nuestro privilegio como familia ver a Lois crecer rápidamente en su fe. Sin embargo, no pasó mucho tiempo luego de esto, que Lois descubrió que tenía cáncer. A pesar de las oraciones de muchos y el mejor cuidado médico, ella falleció. Pero ella murió segura que pasaría la eternidad con Dios debido a su relación con Jesucristo.
Recordando este tiempo, me pregunto qué hubiera pasado si papá fuera el tipo de cristiano que a veces deja a un lado sus principios en el ambiente laboral – el tipo que no siempre es honesto, se enoja fácilmente o trata mal a la gente. ¿Qué hubiera pasado si mamá fuera el tipo de mujer que le hace la vida miserable a la secretaria de su esposo? Me imagino a Lois en la iglesia, escuchando al evangelista, pensando: “Esta debe ser la fe de los Schaefers. Y si es así, no lo quiero parte en esto, no quiero ser como ellos.”
Me pregunto qué diferencia habría en la vida y el destino eterno de Lois. Quizás mis padres nunca habrían sabido las consecuencias de su falta de compromiso cristiano en esta área.
Esta historia me recuerda que cada día tenemos encuentros con gente que podemos acercar un paso más a Dios, o empujarles más lejos de Él. En muchos casos, quizás la mayoría, no tenemos idea de la impresión que damos.
Tal vez una razón por la que esto me parece tan importante, es porque mi vida cristiana en parte es resultado de un encuentro similar. Cuando era un estudiante de secundaria me involucré con Campus Life (Vida en el campus). Aunque fui criado en la iglesia, me di cuenta de que no tenía la calidad de relación con Dios que tenían muchos otros en este grupo estudiantil. Me acuerdo de un punto decisivo: Un día compartiendo peticiones de oración una chica se levantó y, tragándose las lágrimas, nos dijo: “Por favor oran por mí. He tratado a mi madre muy irrespetuosamente, y me siento muy mal al respecto. Necesito sus oraciones.”
Pensé: “¿Cómo puede confesarle esto a tanta gente?”. Yo no hubiera confesado mis defectos a un grupo de gente desconocida. Apenas puedo admitirlo a mí mismo. Pero entendí que ella y los otros allí podían ser abiertamente honestos porque conocían que Dios les amaba exactamente como eran y, les ayudaba llegar a ser a quienes Él quería que fueran. No eran súper-cristianos; eran personas reales intentando seguir al Dios real. Decidí que quería lo que ellos tenían. Y poco después me comprometí a ser cristiano.
No recuerdo el nombre de esta chica, ni cómo se veía. Sin embargo, hay dos cosas que sí sé acerca de ella. Primero, sé que Dios la usó para darme una visión acerca de lo que era ser un cristiano verdadero y eso me cambió. Segundo, sé que cuando Dios la usaba de forma poderosa para atraerme más a Él, ella se sentía como un fracaso de cristiana.
Por eso pienso que pueda ser un error preocuparnos por nuestra propia utilidad. Cuando nos esforzarnos en ser útiles, tenemos la tendencia de mirar a nuestro alrededor para calcular el impacto que tenemos sobre otros. Lo más probable es que sobrestimamos o subestimamos lo que Dios realmente esta haciendo a través de nosotros.
La parábola de Jesús acerca de las monedas de oro nos puede instruir en esto (Mateo 25:14-30). Jesús comparó el Reino con la historia de un hombre que se iba de viaje muy lejos. Antes de salir, el hombre le regaló cinco mil monedas de oro a un siervo, dos mil a otro y un mil a un tercer siervo. Cuando regresa, el hombre descubre que los primeros dos siervos habían invertido su dinero, duplicando el valor.
Les dijo al primer y al segundo siervo: “¡Hiciste bien, siervo bueno y fiel! Has sido fiel en lo poco; te pondré a cargo de mucho más. ¡Ven a compartir la felicidad de tu señor!" (Mateo 25:23, Nueva Versión Internacional).
Pero cuando descubre que el tercer siervo solamente había enterado su moneda, el amo le reprende por ser malvado y perezoso. Le dice que por lo menos, podría haberlo depositado en el banco para ganar intereses. Entonces, el amo decreta que las mil monedas le sean quitadas y, dadas al primer siervo.
Es significativo que el amo no les dice a los siervos rentables: “¡Hicieron bien, siervos buenos y útiles!” Él les elogia por su fidelidad. Y Él condena al siervo no rentable, no por su falta de resultados, sino por su falta de esfuerzo. La fidelidad, no la utilidad, es lo que está enfatizado en el Reino. Esto implica que si nos enfoquemos en la fidelidad, la utilidad seguirá. Cuando adoptamos un estilo de vida que refleja la fidelidad, llegamos a ser más como Jesús. Y entre más reflejamos a Jesús, más listos estaremos para ser usados por Dios.









Una porción del libro “Living in the Overlap: How Jesus’ Kingdom Proclamation Can Transform Your World (Viviendo en el solapamiento: Cómo proclamar el reino de Jesús puede transformar su mundo).




