El apóstol Juan escribió: “El perfecto amor echa fuera el temor; porque el temor lleva en sí castigo” (ver 1° Juan 4:18). La causa principal para el temor es una preocupación excesiva por uno mismo: el autocuidado, la imagen propia, el futuro personal. Esos sentimientos tal vez no estén en la superficie, pero son la causa real del temor. Si alguien se llena de amor por otro, el enfoque se aleja de uno mismo y va hacia la otra persona. El amor perfecto que viene de Cristo debe llenar nuestras vidas, y eso echa fuera todo miedo.
Tiempo atrás mi familia pudo irse de vacaciones. Desafortunadamente, yo no pude ir con ellos por diversas circunstancias. Aun así, fue de bendición para mi esposa ir y visitar a sus padres, y que ellos vieran a su hija y nieta. Cuando llegó el momento de llevarlas al aeropuerto, no me fui hasta que ya su avión se había ido.
No era un día especial, ni una ocasión grandiosa.
Era un viaje ordinario al pozo, en un día como cualquier otro. Pero en este día particular, la joven Rebeca estaba tan impresionada con el siervo de Abraham, un hombre enviado por el adinerado patriarca para encontrarle una pareja a Isaac.
“No nos llevábamos bien cuando éramos niños”, dijo Sofía tristemente, “pero creí que al ser adultas sería diferente. No lo entiendo”. Escuché a una mujer de cuarenta y ocho años hablar de la relación que tenía con su hermana mayor.
Todos los derechos reservados. Prohibida la reproducción parcial o total sin la autorizaciónprevia y por escrito de CBN Latin América - 2012